Alberto Suárez PIONERO DEL TRANSPORTE EN EL HUILA

El giganteño Alberto Suárez Zambrano, fallecido el 9 de octubre de 1961 en un accidente aéreo cuando piloteaba su avioneta rumbo a Bogotá, figura como uno de los empresarios más importantes del Huila en toda su historia. Su existencia podría haber sido más prolífica si no muere trágicamente cuando tenía 48 años. Ocurrió en la zona de Cunday, Tolima, cuando la aeronave donde se transportaba con su cuñado Orestes Montero Tápanes, se metió en un cumulonimbus, que la sacudió y embarrenó, cayendo a tierra en un cafetal, falleciendo sus dos ocupantes.

Hermanos

Para precisar detalles de la historia de Alberto Suárez, acudimos a la memoria de su sobrino, el capitán de aviación Gilberto Perdomo Suárez, quien a sus 83 años recuerda con facilidad nombres y fechas. “Yo sí conozco bien la historia porque la viví”, nos dijo. “Para hablar de Alberto Suárez, hay que conocer sus raíces. Su madre, mi abuela Plaxedis, era una mujer de carácter, pequeñita de estatura, pero se hacía sentir. Era vivaz e inteligente. Tuvo siete hijos, en su orden: Jorge, Elcira, Alberto, Benjamín, Gustavo, Georgina y Emma, quien murió de tifoidea a la edad de 13 años”, afirma Gilberto.

Sus hermanos Gustavo y Benjamín Suárez.

Familia Blanco

Siendo muy joven, la abuela Plaxedis tuvo la fortuna de convivir por un tiempo con la familia Borrero Blanco, como dama de compañía de la anciana madre de ellos. La trataron con afecto y le dieron la oportunidad de aprender modistería con una instructora que viajaba desde Neiva a darles clase a las dueñas de casa. Cuando murió la matrona Borrero, sus descendientes, en agradecimiento, le regalaron a Plaxedis una casa y una máquina de coser Pfaff de pedal, para que trabajara como confeccionista. Se convirtió en costurera fina con selecta clientela.

Plaxedis, madre de Alberto Suárez, fue en su juventud una cotizada modista. 

Gilberto Perdomo durante la entrevista con Margarita Suárez, directora de la revista NUEVA IMAGEN. 

Negocios

Alberto estudió en la Escuela Simón Bolívar de Gigante hasta cuarto elemental. Desde esa época ya mostraba actitud e inteligencia para emprender actividades rentables. Cortaba ramas de Babosa, una planta que se da silvestre en los potreros de Gigante, para hacer escobas y venderlas. Compró un burro y unos zurrones de cuero fresco de toro, con silla de dos cabezas, para transportar cenizas que compraba en el pueblo y vendía a la Jabonería El Rey, propiedad de Josué Manrique, abuelo del alcalde municipal de su mismo nombre.

Los Vegalara

Antonio y Gabriel Vegalara, prósperos empresarios oriundos de Gigante vieron la capacidad de Alberto y se lo llevaron para Neiva, a trabajar en la empresa de su propiedad, una distribuidora de vehículos importados llamada “Casa Toro”, con sede en el marco de la plaza Santander, enseguida de la Catedral. La entidad era representante de la Ford Motor Company y de la Mercury. Alberto inició allí como ayudante, sorprendiendo porque aprendió a manejar carro sin ninguna instrucción. “Solo viendo”, cuenta el capitán Perdomo. Por su eficiencia fue ascendido a jefe de patio, luego vendedor, administrador y después gerente.

Alberto Suárez en la Novena Brigada con María Eugenia Rojas, Abelardo Vega y el General de la FAC, Alberto Pauwels.

Buses

Los hermanos Vegalara crearon una empresa para transportar pasajeros de Neiva a Gigante. “Don Antonio quería mucho a su pueblo. Trajo cinco pequeños buses de Estados Unidos para prestar el servicio”, cuenta Gilberto Perdomo. Alberto fue vital para la consolidación de la empresa, lo que le permitió aprender del negocio y visualizar las potencialidades del transporte terrestre, que más adelante sería su emprendimiento estrella.

El capitán Gilberto Perdomo junto a un DC3 de TAO, con sus compañeros tripulantes Gladys Roa y el Capitán Gil. 

Vuelta de plaza

Siempre buscando la manera de ser independiente, no perdía detalle de lo que pasaba a su alrededor. Los buses pernoctaban en Gigante y muchas personas se agolpaban a curiosearlos, por ser los primeros carros que llegaban al pueblo recién inaugurada la vía Neiva- Gigante. Se le ocurrió ofrecer el servicio de vuelta de plaza y calle real por cinco centavos. Eso fue la locura, venía la gente del campo a caballo para hacer el tour.

Propietario

Ante la decisión de los Vegalara de dedicarse a otras plazas más rentables, como Bogotá y Cúcuta, le vendieron a Alberto los derechos de distribución de los carros Ford para Huila y Caquetá. Sus paisanos no sólo le dieron facilidades de pago, sino que lo conectaron y recomendaron con los fabricantes norteamericanos. Trasladó la distribuidora de vehículos a un local que adquirió en la calle 11 entre carreras 5 y 6, en Neiva, donde tuvo vitrina de exhibición, talleres de soporte técnico y la envasadora de aceite Nebraska Oil, que vendía la marca Sunoco.

Transporte

Con planeación y organización impecables, como era su estilo, Alberto funda una empresa de transporte terrestre público en buses, bajo la sigla Transfederal HC, que significa Transportes Federados Huila y Caquetá. Contrató a Ramón Tamayo como contador, puso a su hermana Georgina de Tesorera y a Marina Trujillo, posteriormente esposa de su hermano Benjamín, como asistente de la tesorera. La señorita Eloisa Escorcia fue su secretaria toda la vida.

Buses

La sede principal de Transfederal funcionó inicialmente en el parque Santander de Neiva. Comenzó con rutas Neiva – Pitalito, después abrió San Agustín, cuando se construyó el puente de Sombrerillos. Trajo pequeños buses de Estados Unidos a los que les adaptó carrocería elaborada en Manizales porque las fabricadas en el exterior se desajustaban en nuestras carreteras. Los hizo pintar con los colores de la bandera del Huila. Posteriormente adquirió un lote en la plaza de San Pedro en Neiva, donde instaló la gerencia y dejó un espacio para bodega, con el objetivo de recibir la carga que llegaba en los automotores y atender los contratos de transporte que tenía con correos nacionales y el periódico El Tiempo.

Mercadeo

Era hábil para mercadear, enviaba tiqueteadores al último tramo del ferrocarril que conducía a Neiva, a ofrecer pasajes en bus para los municipios. En todo el departamento montó oficinas de Transfederal, procurando tener locales propios. Con equipos norteamericanos puso en Neiva una reencacuchadora de llantas, almacenes de repuestos, gasolineras y talleres, pensando en consolidar la cadena del sector transportador. Se convirtió en un hombre muy admirado, personajes como el hacendado Oliverio Lara Borrero lo tildaban de “genio para los negocios”. Tenía la capacidad de visualizar el futuro de sus emprendimientos.

Julio César García, Alberto y Jorge Suárez, con un mixto de Transfederal.

Hermanos

Ya organizado como empresario, sus hermanos siguieron siendo sus personas de confianza. Gustavo laboraba en Neiva, a Benjamín le asignó los negocios en Garzón y a Jorge lo responsabilizó de San Agustín. Su otra hermana, Elcira, vivía en Gigante, con su esposo Silverio Perdomo Zamora y con Plaxedis, en una casa de media manzana frente a la iglesia. Tenía un patio generoso con un bien cuidado jardín, depósito de grano para ventas al por mayor y un almacén con muchos artículos en vitrina. Se llamaba “Almacén Diana”, en homenaje a la hija menor de Elcira.

Bien trajeado

Se esmeraba en vestir bien, con zapatos finos tipo mocasín, camisas americanas y pantalones de lino que le confeccionaba un sastre con telas traídas del Brasil. Para su uso personal importó un Ford Mercury verde perla descapotable. Incursionó en el negocio del cacao sembrando 30 hectáreas en Gigante, en su hacienda “La Honda”. Fue propietario de Tolimax con Zoila Díaz, gestó la Federación Nacional de Cacaoteros de Colombia e hizo parte de la creación de Radio Garzón, emisora de la cual fue gerente su hermano Benjamín.

Festival del Bambuco

Fue uno de los gestores del Festival Folclórico y Reinado del Bambuco, creado en 1960. La primera carroza para un desfile folclórico en Neiva, la mandó a elaborar Alberto, sobre un carro Ford importado, que llamaban “chato” porque era corto de trompa. Tenía un planchón que usaba para transportar el correo nacional y el periódico El Tiempo. “Con sombrero alón, él mismo guiaba el carro. Habían armado una mediagua de palmicha con motivos autóctonos, incluido un horno de barro. Portaba en la parte alta un aviso que decía: Arriba los de corrosca, abajo los de corbata”, cuenta el historiador Orlando Mosquera Botello. Nora Suárez Trujillo, sobrina del empresario, recuerda: “En el planchón había un corral con gallinas vivas. A los niños nos vistieron con traje de bambuco tradicional y nos subieron a la carroza”.

En el San Pedro de 1961: Doris Bolaños, reina popular de Neiva y José Antonio Cuéllar “Rumichaca”. 

Aeropuerto

Alberto además de ser regionalista, profesaba un amor muy grande por su madre Plaxedis. Mandó construir un aeropuerto en las afueras de Gigante, frente a la entrada de “La Honda”, para facilitar las visitas a su progenitora. Una vez compró el lote, adquirió una motoniveladora para arreglar el terreno. Fue un trabajo muy profesional, con vías de acceso, desagües, alcantarillado y cementación de cerca de 900 metros. Después usó esa máquina para ampliar los cultivos de cacao en su finca.

Aviación

El aeropuerto fue inaugurado con un evento al que llegaron en avionetas 20 pilotos comerciales y de la Fuerza Aérea Colombiana. Alberto tenía una que se la piloteaba el instructor del Aeroclub de Girardot, Ovidio Sarria, quien le contó que estaban vendiendo la empresa donde laboraba. Alberto no se tomaba pausas cuando se interesaba en algo y muy pronto viajó para hablar con los propietarios y terminó comprando la razón social y tres avionetas Piper PA 18 que tenía la empresa. La instaló en Neiva en el aeropuerto La Manguita, con Ovidio incluido como instructor. En el primer curso, tanto Alberto como su hermano Gustavo se graduaron como pilotos privados.

Los vuelos a Guacamayas se realizaban en condiciones difíciles. 

Primer Curtis C46 comprado para la aerolínea. 

Casa en Neiva

Al tiempo que progresaba económicamente, se esmeraba por educarse integralmente. Compró una casa esquinera muy amplia y ventilada, con zaguán interior y gimnasio, en la esquina de la calle 9 con carrera 2, donde residió hasta su muerte. Vivía con su hermana Georgina y el esposo de ella, un enfermero cubano, Orestes Montero Tápanes, que la conoció en una clínica de Miami cuando le practicaron una cirugía tras un accidente. Orestes manejaba la envasadora de aceite y falleció junto a su cuñado en la tragedia aérea.

Aeropuerto de Neiva. Los aviones de TAO transportaban a las reinas del bambuco. 

Bachiller

Alberto tomaba en su residencia clases privadas de piano, tiple, matemáticas, inglés, sociales y hasta de baile, al tiempo que leía los libros de su amplia biblioteca. Era buen bailarín y excelente nadador. Le gustaban los paseos al río, con sancocho cocinado en leña a la orilla. Arturo Espinoza, hermano de Tulia Rosa Espinoza, propietaria del ITRE, quien había sido su profesor en la escuela de Gigante, con los años fue rector del Colegio Santa Librada de Neiva. Al verlo tan capacitado, le concedió a Alberto el título de bachiller honoris causa, requisito para poder obtener la licencia de piloto.

Nevion

Se entusiasmó tanto con la aviación que le compró al exministro Carlos Villaveces su avión privado, un Super Real Nevion, norteamericano, con capacidad para 5 pasajeros, fácil de volar. “Todo era manual porque había sido construido para los pilotos que quedaron inválidos en la segunda guerra mundial”, cuenta el capitán Perdomo. Por esa época decidió crear la empresa Taxi Aéreo Opita, que años después cambió su razón social a Aerolíneas TAO.

TAO

Se reunió con el coronel Álvaro Vaquero, quien fuera subdirector de la aeronáutica civil y se desempeñaba como instructor y comandante de la base militar de Apiay en el Meta. Esta persona fue clave para orientarlo en la creación de TAO. La primera flota estuvo integrada por un DC3, que volaba Neiva – Puerto Rico – Florencia, y dos avionetas Cessna 180 que hacían rutas a Planadas, Chaparral e Ibagué. Después adicionaron dos aviones DC3 mixtos, para pasajeros y carga, para viajar a San Vicente del Caguán y El Recreo. La empresa adquirió dos Curtis C46, uno para transportar ganado y otro de pasajeros que cubría la ruta a Bogotá.

Aeropuerto de Armenia. Los aviones turbohélice le trajeron nuevos aires y nueva imagen a la empresa. 

Los Turbohélice

Posterior al fallecimiento de Alberto Suárez, se incorporaron a la empresa tres aviones turbohélice Vickers Viscount, con motores Roll Roys, de 52 pasajeros, comprados a Alitalia, que operaron por varios años rutas a Bogotá, Neiva, Ibagué, Florencia, Armenia, Bucaramanga, Cúcuta, Leticia y San Andrés. En el año 1974, la compañía aérea fue vendida al industrial cucuteño Hugo Mack Corning, quien liquidó la empresa y vendió los aviones.

Avión de TAO en aeropuerto de Cúcuta. 

El alemán

Hay muchas historias en el sentido que Alberto Suárez aprendió secretos de la aviación con Eric Ribemtrom, un alemán que vivió varios años en la zona rural de Gigante, con su esposa, la ciudadana suiza Margarita Sholen. El germánico, de quien se decía que estaba huyendo, fue mecánico de aviones en la segunda guerra mundial y tenía conocimientos de ingeniería. “Don Eric influyó mucho en la motivación para que mi tío Alberto creara la compañía aérea y le enseñó sobre el manejo alusivo a la mecánica en compañías de aviación”, afirma Gilberto Perdomo.

Legado

Esta es parte de la vida de uno de los hombres más brillantes del Huila, que aportó al desarrollo del departamento en varias áreas y que tuvo mucha visión. En opinión de su sobrino, no se ha hecho justicia en resaltar lo que representó el empresario. No entiende por qué el aeropuerto de Neiva no se llama Alberto Suárez. Se pregunta: ¿Qué tiene que ver Benito Salas con la aviación para que así se llame el terminal aéreo de la capital? Ahí dejamos esa inquietud.

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